Es la pregunta que circula por mi cabeza desde anoche, cuando asistí por primera vez al club de lectura de la librería McNally Jackson, en Nueva York. El eje de la conversación fue Los adioses, una novela corta de Juan Carlos Onetti, escritor uruguayo galardonado con el Premio Cervantes (1980).
Fue una discusión sobretodo positiva e interesante, pero también surgieron un par de conjeturas insólitas, dado que no había nada (o suficiente) en el texto para corroborar dichas teorías tan creativas. Como punto aparte, fue curioso ver cómo la conversación del club de lectura, con todas sus diversas hipótesis sobre esta novela de Onetti, no distaba tanto de las sospechas y suposiciones de ciertos personajes en el libro (el almacenero, el enfermero y la mucama) que tratan de descifrar la vida del jugador de baloncesto enfermo y las dos mujeres que lo visitan.
En todo caso, fue evidente que algunos lectores se adhieren más al texto y a la intención original del autor a la hora de analizarlo, mientras que otros dan más cabida a la interpretación personal.
Entonces la pregunta es: ¿importa más la historia que Onetti quiso transmitirnos o la que nosotros percibimos, filtrada por nuestra experiencia individual? ¿A quién pertenece el significado de la obra? Hay varias escuelas de pensamiento.
Según losfenomenólogos, el autor fija el significado del texto de una vez para siempre. Es irrelevante la interpretación subjetiva del lector. Por otro lado, para la teoría de la recepción, el significado solamente se materializa en la práctica de la lectura. Es decir, que es el lector el que concretiza la obra literaria. Para el académico norteamericano Stanley Fish, el verdadero escritor es el lector, pero advierte contra la anarquía de la interpretación y habla de la importancia de una lectura responsable y consciente. Según Stanley, el lector debe ser informado y no vale cualquier lectura, y en eso estoy muy de acuerdo.
Fuente: About.com

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